Avicena

[su_box title=»Avicena» box_color=»#82445b»]Avicena (nombre latinizado de Ibn-Sina, Abu Ali) Tadzhiko filósofo, médico y enciclopedista de la Edad Media. Vivió en Bujara y en Irán. Aun manteniendo la fidelidad al Islam, contribuyó en gran medida a difundir entre los árabes -y, a través de ellos, en los países europeos- el patrimonio filosófico y científico del mundo helénico, en primer lugar la doctrina de Aristóteles. Avicena hizo mucho para consolidar el pensamiento racional y difundir el conocimiento de las ciencias naturales y las matemáticas. En su doctrina filosófica, conserva las tendencias materialistas e idealistas de Aristóteles, y en ciertas cuestiones retrocede del aristotelismo al neoplatonismo. Avicena desarrolló por sí mismo la lógica, la física y la metafísica de Aristóteles. Reconoció el carácter eterno de la materia, que veía como causa de la diversidad de las cosas únicas, y se manifestó en contra de las supersticiones astrológicas y de otro tipo. Su obra principal, «Dònish-Nameh» («Libro del Conocimiento»), contiene una exposición sucinta de sus concepciones lógicas y físicas.[/su_box]

Síntesis biográfica de Avicena

Nació en el año 370 de la Hégira, hace exactamente mil años según el calendario cristiano.

Hijo de Abdallah, funcionario de Balja (en el norte del actual Afganistán), y de Sitora, hija de un humilde campesino de la pequeña ciudad de Afshana, cerca de Bujara, Avicena fue un ser excepcional desde su infancia.

A la edad de diez años ya había terminado su escolaridad y podía recitar de memoria todo el Corán. A los dieciséis años, sus conocimientos de medicina eran tan completos que se le confió el cuidado de la salud del propio emir de Bujara, cuya curación abrió las puertas de la célebre biblioteca del emir al joven practicante, conocida como el «Santuario de la Sabiduría». A la edad de dieciocho o diecinueve años -diría Avicena más tarde a su discípulo y biógrafo Yuzani-, ya estaba tan familiarizado con todas las ciencias filosóficas, la lógica, la física, las matemáticas, la geometría, la aritmética, la astronomía, la música, la medicina y muchas otras disciplinas que no encontraba a nadie que se ajustara a mí. Y esto no es una exageración por su parte, su memoria y la amplitud y profundidad de sus conocimientos eran realmente asombrosos.

Cuando la biblioteca de Bujara fue quemada, la gente se consoló diciendo: «El Santuario de la Sabiduría no ha perecido: se ha trasladado al cerebro de Al-Shaikh al-Rais.

Si se considera la relativa brevedad de la vida de Avicena (57 años) se puede decir que es un caso de creación titánica.

El sabio escribió o dictó sus obras en cualquier lugar o circunstancia día y noche, en la prisión y durante sus viajes, incluso a caballo. Según los cálculos del erudito iraní Said Nafissi, Avicena escribió (o se le atribuye) 456 libros en árabe y 23 en persa.

Situación política en su nacimiento


El gran sabio y filósofo vino al mundo en una región de Asia Central que era entonces parte integral del Imperio Abasí. Este inmenso estado, fundado en la fe islámica y que se extendía desde los confines del actual Afganistán en el este hasta España en el oeste, comenzaba entonces a desintegrarse políticamente. Varios soberanos, celosos de la independencia de sus respectivos reinos, lograron reducir la influencia sobre ellos del Califa de Bagdad a una mera autoridad simbólica. Pero este desmembramiento, en lugar de generar una decadencia cultural, iba a enriquecer la civilización islámica con las aportaciones culturales y científicas de cada uno de estos nuevos estados, cuyos soberanos se disputaban la presencia en su territorio de sabios y pensadores.

Una civilización tan brillante pronto se extendió por todo Occidente, siendo uno de los fermentos del Renacimiento europeo. Avicena es una de las figuras más eminentes de esa epopeya cultural. Su influencia alcanzó a todo el Islam y, penetrando en Europa a través de la España musulmana o de al-Andalus, se mantuvo viva durante varios siglos. Por eso el gran pensador y sabio islámico, situado en una encrucijada de civilizaciones y épocas diferentes, puede ser considerado un genio de toda la humanidad.

Contribuciones científicas de Avicena

Los catálogos de las bibliotecas de varios países del mundo contienen 160 títulos que han llegado hasta nosotros. Un grabado medieval representa a Avicena con una corona de laurel, sentada en un trono.

Así, el autor anónimo del grabado parece indicar que, si los dos últimos son los padres de la medicina, Avicena es el príncipe indiscutible de esa ciencia, y tal representación simbólica está plenamente justificada ya que en la Edad Media el nombre de Avicena era prácticamente sinónimo de medicina.

Su monumental obra «Canon de la Medicina» es una extraordinaria síntesis de los conocimientos médicos de su tiempo. Es una auténtica enciclopedia que contiene los descubrimientos de los más eminentes médicos griegos, indios, persas y árabes. El amplio criterio del autor, el rigor lógico y la frescura de su pensamiento, la extrema concisión y claridad de su estilo, y su original manera de abordar los grandes problemas tradicionales de la medicina y de exponer y resolver nuevos problemas en este campo, hacen del Canon una obra incomparable.

Vídeos de Avicena


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