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Biografías

Carlos III de España

Carlos III de España
Carlos III de España
Carlos III. Rey de España, Nápoles y Parma (1716-1788) perteneciente a la dinastía de los Borbones.

Historia

Alegremente recibido por el pueblo español, perdió a su esposa, María Amalia de Sajonia, hija de Augusto III de Polonia, con quien se casó en 1738, quien le había aconsejado continuar la política neutral de Fernando VI. Sin embargo, Carlos III, que sentía una profunda y justificada antipatía por Inglaterra debido a varios incidentes en la costa hondureña y a la prohibición de la pesca del bacalao en Terranova, buscó apoyo en previsión de un nuevo conflicto y en agosto de 1761 firmó el Tercer Pacto Familiar con Francia.

Declarada la guerra contra Inglaterra, España tuvo que luchar también contra Portugal, su aliado habitual. El balance del conflicto fue desfavorable para España, pues aunque los portugueses perdieron la colonia del Sacramento, situada frente a Buenos Aires, los ingleses tomaron posesión de La Habana y Manila, pero por la Paz de París recuperó ambas ciudades y recibió de Francia la Luisiana, aunque tuvo que ceder la Florida, el derecho a las pesquerías de Terranova y el del corte del Palo de Campeche en Honduras.

Guerras

El levantamiento de las colonias inglesas en América del Norte en 1733 provocó una nueva guerra de España y Francia contra Inglaterra, siendo decisiva la ayuda de las dos naciones a los rebeldes.

Una vez reconocida la independencia de los Estados Unidos, se reanudó la guerra entre Francia e Inglaterra, en la que España intervino en virtud de un nuevo Pacto Familiar firmado en 1779. En esa ocasión, Bernaldo de Gálvez conquistó Florida, mientras que los ingleses fueron expulsados de Honduras. En 1782 España recuperó Menorca y sitió, aunque inútilmente, Gibraltar.

La guerra terminó en 1783 con la Paz de Versalles, por la que se hicieron concesiones mutuas. España retuvo Menorca y Florida e Inglaterra obtuvo la Providencia y las Bahamas. A pesar de esta intensa actividad bélica, Carlos III no dejó de ocuparse del gobierno de su país, para lo cual contó con la colaboración de funcionarios competentes y emprendedores, como Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache, y el Marqués de Grimaldi.

El primero intentó reformar la vestimenta habitual de los españoles desterrando el chambergo y la larga capa con el pretexto de que los criminales se escondían bajo ambas prendas, pero los habitantes de Madrid y otras ciudades se rebelaron contra esta medida, provocando disturbios callejeros, y Carlos III tuvo que revocarla. El Marqués de Esquilache tuvo que dejar el gobierno, siendo reemplazado por el Conde de Aranda, un político ilustrado y anticlerical.

Su aversión a los jesuitas le llevó a acusarlos de haber promovido tales disturbios, lo cual era falso, además de considerar que su influencia, y especialmente su voto de fidelidad a Roma, era perjudicial para el Estado, por lo que dispuso su alejamiento de España y de todas las colonias de ultramar.

Carlos III comunicó esta medida al Papa Clemente XIII, y su sucesor, Clemente XIV, animado por José Moniño y Redondo, Conde de Floridablanca, disolvió la compañía mediante el breve Dominus Redempter de julio de 1733. En Santo Domingo, el gobernador de la colonia, Manuel de Azlor, tuvo que cumplir la orden de expulsar a los jesuitas de todos sus dominios. Azlor fue al colegio de los jesuitas con varios soldados y ordenó que el rector, el Padre Pedro de Zabala, fuera encarcelado con todos los demás miembros del colegio. El barco Santa María del Socós, de la Real Compañía de Barcelona, los llevó al puerto de Santa María, desde donde fueron llevados a Italia.

Herencia: Una Nación

Cuando el rey murió en 1788, la historia del reformismo ilustrado en España terminó, ya que el estallido casi inmediato de la Revolución Francesa al año siguiente provocó una reacción de terror que convirtió el reinado de su hijo y sucesor, Carlos IV, en un período mucho más conservador. La invasión francesa pronto arrastraría al país a un ciclo de revolución y reacción que marcaría el siguiente siglo, sin dejar espacio para continuar un reformismo sereno como el desarrollado por Carlos III.

Entre los aspectos más perdurables de su legado, tal vez valga la pena destacar el avance hacia la configuración de España como nación, a la que dotó de algunos símbolos de identidad (como el himno y la bandera) e incluso de una capital digna de ese nombre, al tiempo que se esforzaba por modernizar Madrid (con la construcción de paseos marítimos, obras de saneamiento y alumbrado público) y ampliarla con monumentos (la Puerta de Alcalá data de su época, el Museo del Prado -concebido como el Gabinete de Historia Natural-, el Hospital de San Carlos o la construcción del nuevo Jardín Botánico, en sustitución de las antiguas Migas Calientes) y con edificios representativos destinados a albergar los servicios de la creciente administración pública.

El fomento de los transportes y las comunicaciones internas (con la organización de Correos como servicio público y la construcción de una red de carreteras radiales que cubra todo el territorio español, convergiendo en la capital) ha sido, sin duda, otro factor político que ha actuado en la misma dirección, aumentando la cohesión de las distintas regiones españolas. Estas son sólo algunas de las razones por las que Carlos III fue conocido como el «mejor alcalde de Madrid».

Muerte

Carlos III murió en Madrid.

Vídeos de Carlos III

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