Saltar al contenido

Gaspar Zúñiga y Acevedo

Gaspar Zúñiga y Acevedo
Gaspar Zúñiga y Acevedo
Gaspar de Zúñiga Acevedo y Velasco. Noveno virrey, nacido en Monterrey, Orense, España. Estuvo al servicio del Rey Felipe II y participó en la campaña de Portugal al frente de una milicia de gallegos que pagó de su propio bolsillo.

Biografía

Nació en Monterrey, Castillo de Verín, provincia de Orense, en 1560, noble español, hijo mayor del cuarto Conde de Monterrey, Géronimo de Acevedo y Zúñiga Gaspar estudió en Monterrey en el colegio jesuita fundado por su abuelo Alonso de Zúñiga y Acevedo Fonseca, III Conde de Monterrey. A la edad de dieciocho años, decidió en 1578 ayudar al Rey Felipe II, con sus tropas gallegas pagadas a su costa, en acciones militares en la frontera de Portugal, reduciendo dieciocho villas a la obediencia del Rey Felipe II. Gaspar con sus tropas gallegas junto con las de su primo Francisco de Zúñiga y Sotomayor, IV Duque de Béjar y Plasencia, y los ejércitos reales bajo el mando de Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba de Tormes, participaron en la revisión a la entrada de Portugal, que fue hecha por el Rey Felipe II, en Cantillana cerca de Badajoz, el 15 de junio de 1580. Gaspar defendió el puerto de La Coruña con sus tropas gallegas cuando fue atacado por el corsario inglés Francis Drake en 1589. Gaspar tuvo que litigar en 1594 con su pariente Fernando de Castro y Andrade, conde de Lemos, ante el Consejo Real de Castilla por una tramitación del pleito sobre los bienes de la Casa de Ulloa. Estaba en la defensa del puerto de La Coruña cuando fue atacado por el corsario inglés Francis Drake. El 28 de mayo de 1595 fue nombrado virrey de la Nueva España, llegó a Veracruz a mediados de septiembre y el 5 de noviembre hizo su entrada oficial en la Ciudad de México, donde fue recibido con mucha atención y respeto. Estudió en Monterrey bajo la dirección de los sacerdotes jesuitas. En 1578 entró al servicio del Rey Felipe II. Participó en la campaña de Portugal, donde lideró la milicia de Galicia, pagándola de su propio bolsillo. Zúñiga también participó en la defensa del puerto de La Coruña cuando fue atacado por el corsario inglés Francis Drake en 1589.

Después de presentar excelentes servicios al Estado, se convirtió en Virrey de la Nueva España. Llegó a la colonia, en Veracruz, a mediados de septiembre, como sucesor del Virrey Don Luis de Velasco y Castilla. El 5 de noviembre de 1595 hizo su entrada solemne en la Ciudad de México, tomando las riendas del gobierno. Ocupó este cargo desde el 5 de noviembre de 1595 hasta el 26 de octubre de 1603, fecha en la que fue nombrado Virrey del Perú desde 1603 hasta su muerte en 1606.

Incrementó los impuestos a los indios, pero, como se dijo, prestó atención personal a los ajustes requeridos a los indios para evitar su explotación. Durante su gobierno, las exploraciones de Nuevo México y California fueron llevadas a cabo por Sebastián Vizcaíno.

El 20 de septiembre de 1596, Don Diego de Montemayor fundó la entonces Villa de Monterrey, Nuevo León. Esta ciudad fue nombrada en honor al Virrey.

En 1597, los piratas atacaron el puerto de Campeche, asumiendo el centro de la ciudad y aterrorizando a los habitantes. Zúñiga pidió mayor protección para los puertos. También trasladó la ciudad de Veracruz de su antiguo emplazamiento a su posición actual, que era más segura.

En 1598 murió Felipe II, y Felipe III llegó a la corona española. En 1601 los indios de Topia se levantaron contra el gobierno español, pero por la influencia de Idefonso de la Mota, obispo de Guadalajara, fueron pacificados. Los jesuitas establecieron más tarde misiones allí, en la zona de la Tarahumara.

Entre sus primeros actos como Virrey, organizó una expedición terrestre para explorar y colonizar Nuevo México, siguiendo la política de su predecesor. Esta expedición estaba bajo el mando del capitán Lope de Ulloa, que fundó la ciudad de Santa Fe, pero no encontró las Siete Ciudades Legendarias de Oro en las provincias de Cibola y Quivira.

También envió dos expediciones para explorar la costa del Pacífico de México. Sebastián Vizcaíno partió en tres barcos desde Acapulco en 1596. Fue para esta expedición que Vizcaíno fundó La Paz, Baja California, llamada así por su amistosa recepción por parte de los indios. También descubrió el Cabo San Sebastián. Una expedición posterior hecha por Vizcaíno con la misma misión, zarpó el 5 de mayo de 1602 con cuatro barcos. Esta expedición fue más fructífera. Se fundó Ensenada, Baja California. Se exploró la Bahía de San Diego y se llamó Isla Catalina. Los exploradores llegaron al límite norte como la Bahía de Monterrey, Alta California, que Vizcaíno nombró en honor al virrey.

El 19 de mayo de 1603, Zúñiga y Acevedo fue llamado virrey del Perú. Permaneció en Nueva España hasta septiembre, esperando la llegada de su sucesor, Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros.

Tras la llegada del nuevo virrey, los dos se reunieron en Orizaba, a medio camino entre Veracruz y Ciudad de México. Aquí Zúñiga recibió una fiesta de bienvenida, dijo que en una semana entera gastó lo que le había costado el salario del virrey durante más de un año.

El nuevo virrey se hizo cargo de la administración de la Nueva España en octubre, y no fue hasta el 1 de abril de 1604 que Zúñiga y Acevedo se embarcaron en Acapulco.

Llegó a Paita el 24 de mayo de 1604 después de un doloroso viaje que acentuó las incomodidades de su salud quebrantada, continuó el 14 de julio por tierra a Lima. Finalmente tomó posesión del gobierno el 8 de diciembre de 1604.

Para ordenar la administración de la Real Hacienda, estableció el Tribunal Mayor de Cuentas. Se esforzó por regular el servicio personal de los indios; y dictó ordenanzas para algunos gremios de Lima, como los espadachines y zapateros. Pero el precario estado de su salud le inclinaba a prodigar sus demostraciones de piedad: concurrió al auto de fe celebrado el 13 de marzo de 1605; favoreció la erección de la Iglesia de la Soledad, así como las fundaciones del Monasterio de Santa Clara y las colectas de los frailes mercedarios, dominicos y agustinos; y con tal generosidad aplicó los ingresos de su cargo a la distribución de limosnas, que la Real Audiencia tuvo que cubrir los gastos necesarios para su entierro.

Muerte

El año 1606 no fue un año feliz para el Conde. Su salud ya quebrantada sufría por el calor del verano y una fiebre persistente lo clavó en la cama sin que los médicos pudieran controlarla. A pesar de buscar su salida de la capital para calmar sus males, no consiguió lo que todos deseaban. El viernes 10 de febrero, a las cuatro de la tarde, falleció. Murió pobre y sin dejar lo necesario para su entierro, pero sus ejecutores decidieron honrarla con toda la pompa que su dignidad merecía y gastaron cerca de veinte mil pesos, suma que luego fue pagada por la Real Hacienda con la aprobación del Monarca. El duodécimo día su cuerpo fue trasladado a la Iglesia de la Compañía, donde se celebró el siguiente funeral.

Vídeos de Gaspar Zúñiga y Acevedo