José María Arguedas

[su_box title=»José María Arguedas» box_color=»#82445b»]José María Arguedas (Andahuaylas, 18 de enero de 1911 – Lima, 2 de diciembre de 1969) fue un escritor, poeta, educador, antropólogo, etnólogo y periodista peruano. Su labor como novelista, como traductor y divulgador de la literatura quechua, y como antropólogo y etnólogo, lo convierten en una de las figuras clave entre quienes han tratado, en el siglo XX, de incorporar la cultura indígena a la gran corriente de la literatura peruana escrita en español desde sus centros urbanos. En este proceso sigue y supera a su compatriota Ciro Alegría.

La cuestión fundamental que plantean estas obras, pero sobre todo las de Arguedas, es la de un país dividido en varias culturas, básicamente – la cultura andina de origen quechua y aymara, la cultura occidental con raíces europeas – que deben integrarse en una relación armoniosa de carácter mestizo. Los grandes dilemas, ansiedades y esperanzas que este proyecto plantea son el núcleo de su visión.[/su_box]

Tu vida


Sus padres fueron el abogado cuzqueño Víctor Manuel Arguedas Arellano, quien se desempeñó como juez en varios pueblos de la región, y Victoria Altamirano Navarro.

Nacido en Andahuaylas, en el corazón de la región andina más pobre y olvidada del país, estuvo en contacto desde la cuna con los ambientes y personajes que incorporaría a su obra. La muerte de su madre y las frecuentes ausencias de su padre, abogado, le obligaron a refugiarse entre los sirvientes campesinos de la zona, cuya lengua, creencias y valores adquirió como propios. En 1917 su padre se casó en segundas nupcias (su madre había fallecido tres años antes), y la familia se trasladó al pueblo de Puquio y luego a San Juan de Lucanas. Poco después, el padre fue destituido como juez por razones políticas y tuvo que trabajar como abogado itinerante, dejando a su hijo al cuidado de la madrastra y su hijo, que lo trató como un sirviente.


En 1921 escapó con su hermano Arístides de la opresión de su hermanastro. Se refugiaron en la finca de Viseca, donde vivieron durante dos años en contacto con los indios, hablando su idioma y aprendiendo sus costumbres, hasta que en 1923 su padre los recogió y los llevó en peregrinación por diversos pueblos y ciudades de la sierra, estableciéndose finalmente en Abancay.

Juventud

Después de completar sus estudios secundarios en Ica, Huancayo y Lima, ingresó a la Facultad de Artes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima en 1931 para estudiar literatura. Entre 1932 y 1937 trabajó como ayudante en el Correo Central de Lima, pero perdió su puesto al ser detenido por participar en una manifestación estudiantil a favor de la República Española.

Como estudiante universitario en San Marcos, comenzó su difícil tarea de adaptarse a la vida de Lima sin renunciar a su tradición indígena, viviendo en carne propia la experiencia de todos los trasplantadores andinos que deben aculturarse y asimilarse a otro ritmo de vida. En los tres relatos de la primera edición de Agua (1935), en su primera novela Yawar fiesta (1941) y en la colección de Diamantes y pedernales (1954), se aprecia el esfuerzo del autor por ofrecer una versión lo más auténtica posible de la vida andina desde un ángulo interiorizado y sin los convencionalismos de la anterior literatura indigenista de denuncia.

En estas obras Arguedas reivindica la validez del modo de ser indígena, sin caer en un racismo inverso. Relacionar este esfuerzo con los planteamientos marxistas de José Carlos Mariátegui y con el novelismo políticamente comprometido de Ciro Alegría ofrece interesantes paralelismos y divergencias. La obra madura de Arguedas incluye al menos tres novelas: Los ríos profundos (1956), Todas las sangres (1964) y El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971); la última es la novela cotidiana que fue interrumpida por su muerte. De todas ellas, la obra que expresa con mayor lirismo y profundidad el mundo mítico de los indígenas, su unidad cósmica con la naturaleza y la persistencia de sus mágicas tradiciones, es Los ríos profundos. Su mérito es presentar todos los matices de un Perú andino en un intenso proceso de mestizaje. En Todas las sangres, ese gran mural que presenta las principales fuerzas que luchan entre sí, luchando por sobrevivir o imponerse, recoge la historia de la destrucción de un universo, y los primeros balbuceos de la construcción de otro nuevo. Otras historias como El sexto (1961), La agonía de Rasu Ñiti (1962) y Amor mundo (1967) complementan esta visión.

El proceso de adaptación a la vida en Lima nunca fue completado por completo por Arguedas, cuyos traumas de la infancia lo debilitaron psíquicamente para culminar la lucha que se había propuesto librar, no sólo culturalmente sino también políticamente. Esto y la aguda crisis nacional que el país comenzó a sufrir a partir de 1968, lo empujaron al suicidio, lo que no hizo sino convertirlo en una figura mítica para muchos intelectuales y movimientos comprometidos con la misma tarea política.

Trayectoria

Después de pasar un año en la prisión de El Sexto, fue nombrado profesor de español y geografía en Sicuani, en el departamento de Cuzco, posición en la que descubrió su vocación como etnólogo. En octubre de 1941 se incorporó al Ministerio de Educación para colaborar en la reforma del programa de estudios de la escuela secundaria. Después de representar al profesorado peruano en el Congreso Indio Interamericano de Pátzcuaro (1942), reanudó su trabajo como profesor de español en los colegios nacionales Alfonso Ugarte, Nuestra Señora de Guadalupe y Mariano Melgar de Lima, hasta que fue despedido en 1949 por ser considerado comunista.

En marzo de 1947 fue nombrado Curador General del Folklore en el Ministerio de Educación, y más tarde ascendido a Jefe de la Sección de Folklore, Bellas Artes y Oficina del mismo ministerio (1950-52). En 1953 fue nombrado Jefe del Instituto de Estudios Etnológicos del Museo de la Cultura Peruana, y ese mismo año comenzó a publicar la revista Folklore Americano (órgano del Comité Interamericano del Folklore, del que fue Secretario), que dirigió durante diez años.

A este cargo le siguió el de director de la Casa de la Cultura del Perú (1963-1964) y director del Museo Nacional de Historia (1964-1966), desde el que dirigiría las revistas Cultura y Pueblo e Historia y Cultura. También fue profesor de etnología y quechua en el Instituto Pedagógico Nacional del Hombre (1950-1953), profesor en el Departamento de Etnología de la Universidad de San Marcos (1958-1968) y profesor en la Universidad Nacional Agraria de La Molina desde 1964 hasta su muerte.

Obra

La producción intelectual de Arguedas es bastante extensa e incluye, además de obras de ficción, trabajos, ensayos y artículos sobre la lengua quechua, la mitología prehispánica, el folklore y la educación popular, entre otros aspectos de la cultura peruana. La especial circunstancia de haberse educado dentro de dos tradiciones culturales, la occidental y la indígena, junto con una delicada sensibilidad, le permitió comprender y describir como ningún otro intelectual peruano la compleja realidad del indio nativo, con el que se identificó de manera desgarradora.

Por otro lado, en Arguedas el trabajo del literato y del etnólogo nunca se disocian totalmente, e incluso en sus estudios más académicos encontramos el mismo lenguaje lírico que en sus narraciones. Y aunque no era hábil en el uso de las técnicas modernas de narración, su literatura (basada especialmente en descripciones) supo comunicar con gran intensidad la esencia de la cultura y el paisaje andinos. Arguedas experimentó un profundo conflicto entre su amor por la cultura indígena, que deseaba mantener en estado «puro», y su deseo de redimir al indio de sus condiciones económicas y sociales. Puede decirse que su anhelo por las formas tradicionales de vida andina le llevó a postular un estatismo social, en abierta contradicción con su adhesión al socialismo.

Su obra revela el profundo amor del escritor por la cultura andina peruana, a la que debió su más temprana formación, y representa, sin duda, la cúspide del indigenismo peruano. Dos circunstancias ayudan a explicar la estrecha relación de Arguedas con el mundo campesino. En primer lugar, que nació en una zona de los Andes que no tenía mayor roce con los estratos occidentales; en segundo lugar, que a la muerte de su madre, su madrastra lo obligó a permanecer entre los indios. De esta manera asimiló la lengua quechua, y lo mismo ocurrió con las costumbres y valores éticos y culturales de los pueblos andinos.

Esta experiencia precoz, vivida y simbolizada en sus escritos por los indios/señores de la oposición, sería reforzada más tarde por los estudios antropológicos. Como resultado de esta trama, la vida de Arguedas transcurrió entre dos mundos que no sólo eran diferentes, sino que también estaban en conflicto. De ahí surgió su voraz voluntad de interpretar la realidad peruana, la permanente corrección de sus ideas sobre el país y la definición de su obra como la búsqueda de una imagen válida del mismo.

Desde sus primeros relatos, se pueden ver los problemas que acabarían presidiendo toda su escritura: la vida, el destino y el sufrimiento de los indios en las haciendas y pueblos de la sierra peruana. También está esa esencial escisión de dos grupos, señores e indios, que será una constante en su trabajo narrativo. El espacio en el que se desarrollan sus historias es limitado, lo que permite que esta oposición social y cultural se muestre en sus aspectos más dramáticos y dolorosos. El camino de Arguedas ya está trazado; aunque en su interior vive intensamente la ambigüedad de pertenecer a dos mundos, su actitud literaria es muy clara, en la medida en que determina una adhesión total al universo de los indios, generando dos canales de expresión que se convertirán en rasgos del estilo: la representación épica y la introspección lírica.

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